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100 AÑOS DE DEMOCRACIA EN ARGENTINA

100 AÑOS DE DEMOCRACIA EN ARGENTINA

El próximo 12 de Octubre se cumplen 100 años del nacimiento de la democracia en nuestro país. El 12 de Octubre de 1916 Hipólito Yrigoyen asumió la presidencia de la República Argentina y por primera vez se eligió presidente por voto universal, secreto y obligatorio, según la nueva ley electoral sancionada en 1912 por iniciativa del entonces presidente Roque Sáenz Peña.
La palabra democracia, siempre es bueno recordarlo, tiene sus bases en el antiguo griego y se forma al combinar los vocablos demos (que se traduce como “pueblo”, es decir la totalidad de la gente que habita un país y que tienen iguales deberes, derechos y libertades) y kratós (que puede entenderse como “poder” y “gobierno”). A diferencia de la monarquía, donde el gobierno se concentra en una sola persona, la democracia es una modalidad de gobierno y de organización de un Estado donde el poder se distribuye entre todos los ciudadanos, que gobiernan a través de sus representantes para que tomen decisiones según la opinión de las mayorías, incluyendo el respeto a la voluntad proporcional de las minorías y el control de los actos del Poder Ejecutivo por parte del Congreso, donde se deben crear las leyes que gobiernan el país.

Todas estas hermosas y teóricas palabras, que seguramente fueron el ideal que se buscaba en el nacimiento de la democracia, se contrastan con una realidad que indica que en casi 35 de esos 100 años, el gobierno de nuestro país cayó bajo la autoridad de quienes lo alcanzaron mediante la violenta utilización de la fuerza de las armas contra la voluntad popular de la sociedad. Una sociedad que muchas veces sufrió horriblemente con muertes y desapariciones de personas pero que también otras veces respondió, en algunos sectores, con
indiferencia y a veces con complicidad.
Es válido poder afirmar que Yrigoyen, independientemente de los errores y aciertos que tuvieron sus dos mandatos presidenciales, forma parte de un pequeño grupo de políticos de esa época que no se enriquecieron durante su paso por la gestión publica y murieron con un patrimonio económico mínimo, como también fueron los casos de personalidades destacadas como el socialista Alfredo Palacios y el demócrata progresista Lisandro de la Torre.
Ejemplos que no fueron imitados por la gran mayoría de los gobernantes y políticos que los sucedieron.
A partir de 1916 con la aplicación de la Ley Sáenz Peña, se instala una verdadera democracia que no fue perfecta, pero permitió una mayor participación ciudadana.
En mi opinión, la democracia es el mejor sistema que conocemos y debemos seguir practicándolo, perfeccionándolo cada vez más, como la vida misma
El golpe del año 1930 inició la costumbre de ciertos sectores de recurrir a los militares cada vez que un gobierno democrático se encontraba con una crisis a la cual parecía no poder encontrar solución, hecho que lamentablemente ocurrio varias veces a lo largo de nuestra historia. Las fuerzas armadas se convirtieron para algunos, a partir de este golpe de 1930, en una fuerza de reserva encargada de salir a la calle cada vez que los civiles parecían no poder manejar una situación.
Desde aquel 1930 tuvieron que pasar 59 años para la transición de un poder democrático a otro y a partir de ese golpe y hasta 1983 era normal y casi esperable, si se cumplían determinadas circunstancias, la posibilidad de un golpe militar para derrocar a un gobierno.
En muchas oportunidades fueron golpes cívico-militares, por la complicidad de parte de la sociedad.
Fue necesaria mucha sangre demarrada y mucho horror, originado principalmente en el terrible proceso que comenzó en 1976, para revalorizar nuevamente a la democracia
Establecida firmemente la convicción de que Nunca Más se debe interrumpir un gobierno validado por el voto popular, queda la enorme deuda de lograr obtener para la sociedad, mediante la democracia, una base mínima de inclusión, de derechos y de dignidad de vida dirigida hacia todos los habitantes, en especial para aquellos que necesitan ayuda social urgente para sobrevivir.
Sobre esta base mínima debe desarrollarse la vida democrática de los habitantes de un país.
La pregunta es ¿como lograrlo?
Seguramente deberá lograrse mediante un compromiso activo de los más jóvenes en la política, con un cambio generacional inevitable, que reemplace a una dirigencia que no puede presentar logros dignos en gestión y sobre todo en honradez.
Deberá lograrse con una participación colectiva que pueda demandar fuertemente al Poder Judicial para que actúe firmemente según la ley y la Constitución Nacional.
Respetando las leyes, porque los derechos de cada ciudadano en una verdadera democracia terminan cuando empiezan los derechos de los demás.
Pero fundamentalmente se va a lograr con una participación política de cada persona que no caiga en el fanatismo ciego ideológico amigo-enemigo que desprecia e insulta al que opina distinto.
Y finalmente aceptando discutir en forma respetuosa contra otra posición política, porque esa discusión lo puede enriquecer y ayudar a entender mejor lo que realmente es la democracia.
Conviene resumir brevemente las condiciones en las que nació la democracia argentina hace un siglo, para ver de dónde venimos.

El país que recibió Yrigoyen hace un siglo tenia características muy particulares. Una aparente prosperidad en los grandes centros urbanos contrastaba con amplias zonas despobladas o con habitantes con muy bajos ingresos, que trabajaban bajo condiciones de una gran precariedad laboral. Julio Argentino Roca, con su ¨Campaña al Desierto¨, ya en el siglo XIX no solo combatió y eliminó a los habitantes originarios, sino que entregó esas tierras a familias ¨honorables¨ a precios muy bajos para que pudieran explotarlas comercialmente.
Había nacido la oligarquía terrateniente argentina, futuro factor de poder, privilegiado e importante, en la historia de nuestro país.
Por otra parte, una numerosa cantidad de inmigrantes provenientes de toda Europa, especialmente italianos y en menor proporción españoles y franceses, llegaron al país.
Hacinados en precarias viviendas o en conventillos, con inestabilidad en el trabajo, pésimas condiciones sanitarias y epidemias, poco a poco se fueron integrando socialmente.
La ley 1420 del año 1884, que establecía la enseñanza común, laica, gratuita y obligatoria ayudó a que los hijos de los inmigrantes se unieran a un lenguaje común y gracias a la escuela pública la sociedad pudo desarrollarse e integrarse en una forma más armónica. Las personas que habitaban en Argentina pudieron tener una sola bandera, una sola historia, conviviendo en un país propio y único. El Estado fomentó la inmigración con subsidios y propaganda.
Económicamente, durante décadas hubo una fuerte alineación comercial con Gran Bretaña, que para cuidar sus interés comerciales monopólicos en el país y con beneficios otorgados por el Estado, no siempre en forma transparente, desarrolló una infraestructura “pública” con vías ferroviarias y trenes, bancos ,comercios y frigoríficos que permitían, entre otras cosas, exportar a este país como principal cliente desde ganadería y agricultura de primer nivel hasta carne envasada para su propio beneficio.
En este primer periodo presidencial el Gobierno modernizó los servicios de higiene y transporte, construyendo plazas y avenidas, edificios públicos, residencias y el sector Industrial creció asociado a la economía agropecuaria y nutriéndose de capitales extranjeros. Pero la dicotomía y la desigualdad urbano-rural se ampliaba.
Yrigoyen, desde el Estado , trato de ordenar esa sociedad heterogénea mediante la ley de Registro y Matrimonio Civil y la ley del servicio Militar Obligatorio
Pero aun en aquellos tiempos, nuestra economía siempre tuvo el problema de ser absolutamente sensible a los problemas y a los vaivenes del mercado mundial, extremadamente cambiantes e incontrolables desde el hemisferio sur. En 1914 Argentina era uno de los principales productores mundiales en maiz, lana, carne y trigo.
En ese año, con el estallido de la Primera Guerra Mundial terminó una etapa de la economía argentina.
Desde 1914 se entra en un mundo más complejo, más delicado y en el que el futuro era relativamente incierto. Y fue difícil para Yrigoyen adaptarse a esa nueva realidad.
Las exportaciones, el ingreso de capitales, de mano de obra, y la expansión de la frontera agraria sufrieron las consecuencias económicas de la guerra y sus secuelas.
Empezó a crecer el desempleo y la inflación, originando retraso en el salario real y una fuerte protesta social.
Se inicia un periodo (1917-1919) de huelgas obreras crecientes por reclamos sociales.
Ante la fuerte oposición conservadora y el hostigamiento de parte de la prensa (que lo denominaban “gobierno de la plebe”, lo trataban de caudillo ignorante y demagogo y a su casa de la calle Brasil la llamaban ¨la cueva del peludo¨), Yrigoyen utilizo sus viejos remedios conocidos: intervención en provincias opositoras, distribución de empleos públicos entre sus punteros y aumento del gasto público en detrimento del presupuesto del estado

Un punto de inflexión importante fue la Semana Trágica:
En el año 1919 en Bs As los obreros de los talleres metalúrgicos Vasena demandaban una reducción de la jornada laboral a 8 horas diarias y repudiaban la reducción salarial y el despido arbitrario. A fin de contrarrestar la huelga, las fuerzas del orden persiguieron a los obreros, ocasionando la muerte de alguno de ellos.
Hubo saqueos a armerías, incendio de iglesias, y toma de talleres. El Gral. Dellepiane fue el encargado de repeler la rebelión que duró una semana.
Equivocadamente el gobierno de Yrigoyen tomó fuertes medidas para sofocar esas huelgas con apoyo del Ejército y el uso de la represión, que finalizó en episodios tristes, trágicos y ampliamente conocidos como el que ocurrió en la Patagonia.
En el Chaco, en los bosques de quebracho colorado, las condiciones de trabajo y explotación en la compañía inglesa la Forestal eran terribles.
El gobierno nunca controló lo que allí sucedía.

De esta forma se generó una profunda crisis política desbordada por los enfrentamientos entre los obreros y las fuerzas de seguridad y el gobierno perdió el apoyo de vastos sectores de la clase trabajadora que lo habían elegido
No obstante, y como elemento positivo, la Reforma Universitaria fue un movimiento que se inició en Córdoba en 1918 y se extendió a otras Universidades Nacionales.
Se buscaba una universidad que estuviera relacionada con los problemas reales de la sociedad.
Yrigoyen apoyó la reforma y la misma se llevó a cabo con éxito.
La empresa Yacimientos Petrolíferos Fiscales, creada por Yrigoyen cuando su período ya expiraba, logro que bajo la dirección de Enrique Mosconi -ingeniero militar- se expandiera la explotación petrolera, avanzando en el mercado interno gracias a la construcción de su refinería en La Plata. De esa forma los característicos surtidores aparecieron en distintos lugares del país. Con la instalación en el país de empresas privadas como la británica Shell y la norteamericana Standard Oil, el petróleo se convirtió en un gran tema de discusión publica y política durante décadas.

A Yrigoyen lo sucedió en la presidencia Marcelo Torcuato de Alvear. A pesar de ser del mismo partido, el nuevo presidente presentaba un perfil totalmente diferente.
Aristócrata de cuna, era sin embargo un demócrata liberal no muy preocupado por temas sociales como su antecesor y en su periodo (1922-1928) disfrutó de una buena coyuntura internacional.
La presidencia de Alvear coincidió con el período previo a la gran crisis financiera mundial. Y aunque las causas de la crisis comenzaron a sentirse en nuestro país, también fue una época de grandes cosechas y de la suba del precio internacional de la carne. Esto permitió que el gobierno llevara a cabo algunas obras públicas, como las de Puerto Nuevo y el Riachuelo, y la construcción de escuelas públicas y hospitales.
Pero la gran incógnita era si Yrigoyen volvía a la presidencia en 1928 o no. Con una gran concurrencia de votantes y el 57,4 % de los votos a su favor volvió al poder con 76 años.

Con un panorama económico internacional complicado por la profunda crisis mundial que estalló en 1929 y por la creciente oposición interna, los terratenientes y exportadores se aliaron contra Yrigoyen y buscaron el apoyo de grupos descontentos del ejército. Al producirse la quiebra de Wall Street surgió nuevamente el desempleo, retornó la inflación, el encarecimiento del crédito y un endeudamiento externo e interno creciente.
El gobierno demostró una incapacidad manifiesta para contrarrestar con energía los efectos de la crisis, enfrentando una oposición y una prensa que debilitaron el vinculo entre Yrigoyen y los sectores medios y populares.
Por desconfianza en algunos casos y por su carácter introvertido en otros, Yrigoyen revisaba todos los documentos y papeles dispuestos para su firma, lo cual hacía demasiado lenta toda tramitación. Siempre se dijo que estuvo rodeado de meros colaboradores administrativos, sin discípulos ni técnicos que lo ayudaran en su gestión, con una distancia abismal entre el pensamiento presidencial y la eficacia en la gestión de sus colaboradores.
Todo este panorama origino un gran desgaste de la acción gubernamental ante la opinión pública, junto con muy fuertes rumores negativos sobre la salud presidencial fogoneados por la oposición.

El día 5 de septiembre de 1930 Yrigoyen enfermó de gripe y esto sirvió de excusa para delegar el mando en su Vicepresidente Enrique Martínez que, en vista de los disturbios que se estaban sucediendo en las calles, dictó el estado de sitio.
Y todo finalmente culminó el 6 de septiembre de 1930.
Los aviones salieron del aeropuerto de El Palomar y arrojaron panfletos sobre la Ciudad de Buenos Aires.
Uriburu contaba con el apoyo de los cadetes del Colegio Militar, pero la guarnición de Campo de Mayo se negó a sublevarse.
El líder de la revuelta emprendió la marcha sobre Buenos Aires.
Las columnas, que eran acompañadas por una multitud que apoyaba el proyecto de insurrección, avanzaron hasta llegar a Plaza de Mayo donde hubo algunos enfrentamientos con algunas bajas. Finalmente por la tarde Uriburu entró a la casa de gobierno, Martínez firmó la renuncia y de esta forma, ante la indiferencia de gran parte de la sociedad, asumió como presidente provisional del país.
Al mismo tiempo Yrigoyen, que se encontraba en La Plata, se dirigió al Regimiento nº 7. Llegado al lugar, el jefe del Regimiento le comunicó que tenía la orden de recibirle la renuncia.
El caudillo radical firmó la renuncia en ese cuartel y solicitó quedar allí detenido, ya que no tenía donde ir porque un grupo de militantes había saqueado su vivienda.
Yrigoyen pasó unos meses detenido en un buque anclado en el Río de la Plata y luego fue confinado en la isla Martín García.
Murió el 3 de julio del año 1933 y una multitud acompaño sus restos.


Redactado por: Hector Noguera

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